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viernes, 27 de junio de 2014

UNA ESPERANZA DE VIDA PARA LOS DESAMPARADOS


"La mayor enfermedad hoy día no es la lepra ni la tuberculosis, sino mas bien el sentirse no querido, no cuidado y abandonado por todos. El mayor mal es la falta de amor y caridad, la terrible indiferencia hacia nuestro vecino que vive al lado de la calle, asaltado por la explotación, corrupción, pobreza y enfermedad."

                                                                                                                                 (Madre Teresa)









Las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta, es un pequeño ejército de hermanas, hermanos, sacerdotes y voluntarios con una gran dedicación y predisposición de ayudar a los más necesitados embargándolos en su congregación.
En las inmediaciones de ella se ubica el mercado La Parada, pero eso no es obstáculo para que muchos jóvenes, señores y ancianos realicen sus voluntariados influenciados por las ganas de ayudar siendo su única retribución la paz interior que sienten, el cual los empuja a seguir colaborando.
Es su hogar para los niños y ancianos más necesitados, en realidad, fueron abandonados por sus familiares por la enfermedad o discapacidad que padecen o porque ya no puede valerse por sí mismo. La gran parte de ellos fueron dejados en hospitales u otros vivían en las calles en situaciones denigrantes.
Esta congregación fue fundada en 1973 en Lima por la madre Teresa de Calcuta, y otras en Chimbote y Puno. La primera congregación fue fundada por la misma en 1950 en la India. Su labor social por parte de las misioneras esta expandida por el mundo teniendo su sede en distintos países.

Son las 8:00 a.m y es libre el ingreso para todo aquel que tenga un corazón bondadoso para cuidar a su  prójimo.
Al tocar el timbre un anciano nos abre la puerta, nos despojamos de nuestras pertenencias ya que no está permitido su ingreso.
 La sección de niños se encuentra en el segundo nivel y las de ancianos en el primer piso. El lugar es amplio y cómodo. En el centro del pequeño jardín que decora el ambiente se ubica la estatua de la madre Teresa acompañada de frases célebres que nos inculcan y nos estremece.
Es muy temprano y todos se encuentran en sus habitaciones excepto las hermanas que comienzan sus labores y los cocineros que se encargan de alimentar a los niños y ancianos.
En el segundo nivel encuentro a una hermana que amablemente me abre la puerta. Es un pasillo amplio con muchas habitaciones alrededor y en cada una de ellas con tres o cuatro camas. Se encuentra separado por dos secciones el de niños y niñas.
Viven niños de todas las edades con diferentes enfermedades: síndromes de Down, autismo, retraso mental e incapacidad física. Todos los días ellos reciben un tratamiento según su enfermedad y una alimentación especializada.

Por su condición no establecen comunicación con las personas que los atienden, para ellos su comunicación son palabras que balbucean sin entendimiento. El labor de las voluntariados no solo implican en alimentarlos, jugar con ellos y conversarles sino también hacer labores cotidiano como lavar su ropa, vestirlos, asearlos; todo el trabajo de un padre que ellos necesitan. A pesar de su dificultad los niños sienten conexión con esas personas y demuestran afecto y agradecimiento a través de una sonrisa o un gesto ya que no pueden expresarlo con palabras. Es increíble verlos tan tiernos e indefensos y es inevitable sentir un cariño con ellos.

Marcela una ama de casa de 32 años que hace 5 años todos los fines de semana hace su voluntariado no explica la conexión y el sentimiento que le trasmiten estos niños. “Es satisfactorio entregar tu cariño y dedicación a estos pequeños seres que fueron privados por su condición. Ya que muchos de ellos son abandonados por lo seres que le dieron la vida. ¡No puedo concebir como eso es posible! Si son igual que cualquier niño, también sienten se expresan a su manera hacia las personas que lo cuidan. He llegado a quererlos como mis propios hijos porque convivir con ellos te llenan de ternura y ablanda tu corazón”.

Este grupo de mujeres se ven tan entusiasmadas en cuidarlos; se les nota en su sonrisa, su mirada,  su dedicación y paciencia. Se respira un ambiente de tranquilidad, paz y amor totalmente inexplicable.

Una hermana con convicción

En el sector de las niñas observo a la más pequeña, Damaris de 5 años. Físicamente normal pero con retraso mental y dificultades al hablar. Me quede tan entusiasmada al ver lo cariñosa que era y lo hermosa que se veía alimentándose y me preguntaba: “¿Por qué estas criaturas tiene que ser abandonadas, si merecen todo el derecho de cualquier niño?”.

Una hermana  saludaba enérgicamente a Damaris y no pude evitar entablar una conversación con ella. Sentía la curiosidad de saber un poco más de la historia de estos angelitos y tal vez entender lo inexplicable de porque fueron abandonados.

La hermana Carolina de 47 años me explica que muchos de estos niños fueron abandonados en hospitales y que el juzgado después de las investigaciones respectivas los traía a estos albergues porque sus padres admitían que no podían hacerse cargo de ellos.
Me indignaba al escuchar la crueldad de esos seres humanos, pero no podía criticarlos sin saber su condición de vida y el motivo de su decisión.

Me contó una historia de uno de estos pequeños con un aparente final feliz. Juan era uno de nuestros niños con retraso mental pero con el tratamiento y los medicamentos fue mejorando su estado. Incluso  los pequeños que pueden asistir a una escuela especial lo enviamos con el fin que puedan aprender y valerse por sí mismo. Esto sucedió con Juan, aprendió a ser sus cosas independientemente y fue así que conversamos con sus padres y aceptaron llevárselo de nuevo a casa. No volvimos a saber de él.

Ella me cuenta que en su congregación se encarga de ayudar a los más necesitados es parte de los votos que ellas prometen a su esposo Jesús. El voto de la pobreza, la castidad, la obediencia y la caridad.

Mi vida se transformo cuando escogí a Jesús

La hermana Carolina lleva 27 años de profesa y es de México, ciudad de Tampico. Viene de una familia de religiosos y a sus 20 años decidió encaminarse en la hermandad.
“No es un camino fácil primero se le invita a la aspirante a convivir 15 días con nosotros, si ella aún decide tomar ese camino son cuatro años más a los que se le instruye en las enseñanzas para que logre ser profesa”.
En el primer año toman sus votos y luego se renueva por año, finalmente se toma los votos perpetuos después de los cuatro primeros años y así se convierta en profesa.
Durante ese periodo cada hermana radica en distintos países según donde le asigne la superiora, ya que son varias las congregaciones en todo el mundo.
Cuando eres profesa recién se te asigna un hábito como utilizaba la Madre Teresa y en tu primer voto se te entrega un crucifijo que siempre anda contigo porque representa el casamiento con Jesús.
"Lo que más me costó a tomar esta decisión fue separarme de mi familia, ya que si no te encuentras en tu país de origen solamente puedes ver a tu familia una vez en diez años y permanecer junto a ellos por veintiún días. Tú puedes escribir a tus familiares por medios de cartas es tu único medio de comunicación, no está permitido llamarlos. Solo ellos pueden llamarte cuando lo desean. Es una regla que tenemos que respetar."
"En unos meses ya cumplo mis diez años sirviendo en el Perú, es emocionante ver de nuevo a tu familia pero más feliz me siento servir a Jesús porque eso es lo que conllevara mi alma a la eternidad y no hay nada mejor que sentirte feliz con lo que haces así tengas que renunciar a tu vida y entregársela".

Definitivamente la caridad no es un acto de compasión sino de humildad y de servir a nuestro prójimo, no de llenar nuestros corazones con egoísmo y buscar solamente nuestros placeres siendo avaros sin importar la necesidad del más necesitado.

Si están en nuestras manos ayudar debemos hacerlo de corazón  y no por obligación. No hay nada más satisfactorio que ayudar sin recibir nada a cambio más que la bendición de nuestro Señor. ¡Recuerda que tu ayuda puede cambiar la vida a un ser humano!.

viernes, 13 de junio de 2014

Amor con punto final

AMOR CON PUNTO FINAL


En este nuevo milenio la función que cumple la mujer en la sociedad ha ido cambiando progresivamente. Ahora se habla de una mujer independiente, luchadora e invencible, y que incluso ha tomado el rol del hombre y lo desarrolla como tal.
Por más cambios de la sociedad aún son muchos los casos de mujeres que viven a la sombra de su pareja, se adhieren a él y a sus decisiones.

Pregunté a un grupo de mujeres entre 18 y 25 años sobre el amor y hasta qué punto estaban dispuestas a dejarlo todo. En sus respuestas había temor de entregar todo sin ser correspondido. Además  noté que asociaban amar con el sufrimiento.

Las frases como el “amor todo lo perdona” y “errar es humano” son justificaciones que consideran necesarias para salvar la relación y no verse sumergida en la soledad y el sufrimiento.

En muchos casos dan una nueva oportunidad después de una infidelidad o un golpe. Están ciegas y así creen que él va a cambiar.

Son innumerables los casos de mujeres peruanas que todos los días se ven envueltas en esas encrucijadas y  son pocas las que logran terminar con una relación dañina.

Uno de estos casos es el de Anaida que durante tres años y medio vivió una relación tormentosa que aún no ha podido olvidar.
A sus 19 años se enamoró de Armando. Un hombre doce años mayor con trabajos eventuales y poco confiables. Se conocieron por amigos en común. Fue su primer amor lleno  de episodios de violencia que solamente destruyó el significado verdadero del amor saludable, respetuoso e incondicional.

Ella siempre estuvo consciente de su pasado y de todo el dolor que él había sufrido. Por eso, solamente buscaba protegerlo, amarlo y ayudar a solucionar sus problemas para formar una familia y ser feliz. Lo intentó todo. Renunció a su independencia, amistades, familia y no se daba cuenta lo infeliz que era.

A pesar de que vivía con sus padres y solo iba a casa a descansar porque el resto del día la pasaba junto a él. Comenzaron las escenas de celos, de palabras hirientes, de supuestas infidelidades. Ella decía que la celaba porque la amaba demasiado. Luego de los celos vinieron los golpes.

Se sentía perdida, dolida, llena de ira y de frustraciones porque no podía cambiar su forma de pensar. Su mejor solución fue recurrir al alcohol, a la soledad y guardar todos esos sentimientos negativos sin aflorarlos, siempre recurría en medio de llantos a reclamarle sus malos tratos y él siempre le pedía una nueva oportunidad. Era así como se aprovechaba de la situación, hasta que todo se convirtió en un círculo vicioso.

Fue cuando tomó decisiones drásticas, aunque dolorosas. Decidió separarse de ese amor que la mataba por dentro, y destruía su autoestima, respeto y las ganas de vivir. En realidad, la fuerza se lo dio su familia, las lágrimas de su madre cada vez que la veía en esa situación, las terapias al psicólogo y psiquiatra y las ganas de ser una profesional. Ahora a pesar de que aún es una herida abierta que cada vez que recuerda la lástima, no se lo desea a nadie porque cuando estás dentro de ella parece una historia de nunca acabar, crees que es un amor que no terminará. Y aunque ella considera que nunca volvió amar después de esa relación piensa que fue lo más saludable para su tranquilidad. Ahora por fin puede respirar sin miedo, sin culpas, sin rencor.

Shirley una joven alegre, arriesgada, sociable que conocí cuando me la presentó un amigo en una fiesta. Tenía 27 años y es muy agraciada, quizás me impactó de ella la cosas en común que teníamos. Lo que más recuerdo de aquella vez fue cuando me dijo nunca he tenido una amiga y quiero que seas tú. Me quedé sorprendida, porque en esas palabras vi reflejada la necesidad de ser escuchada y el miedo a estar sola.

¿Será por eso que nos hicimos íntimas?, me contó que había terminado una relación de 4 años y que en su vida solo había tenido dos enamorados. Era tan enigmática que decidí preguntarle qué había sucedido. Triste me contó la historia, era un hombre violento, muy celoso no solo le prohibía tener amistades, sino que le exigía como se tenía que vestir, maquillarse y hasta la obligo a renunciar a su trabajo.

Ella decía lo mal que se sentía, pero que aún así lo amaba, que no podía dejarlo porque era su protector, y porque ya no tenía las ganas de empezar una nueva relación porque se sentía que gran parte de su vida la había invertido en él, sacrificando su carrera de economía, que ya estaba en los últimos ciclos, por hacer que cumpla sus aspiraciones.

Sentía la impotencia de todo lo que había entregado y que en cambio solo recibía humillaciones, maltratos físicos y psicológicos y los intentos fallidos de denunciarlos por esos golpes evidentes que no solo marcaron su piel sino también su alma. Él siempre se burlaba y amenazaba  por el simple hecho de que su padre era policía y le encaraba que sus denuncias jamás serían procesadas.

Ahora perdí contacto con ella por situaciones de la vida, lo último que supe es que tomó la decisión de abandonarlo porque ya no la amaba y que todo el tiempo la estuvo engañando. Será cierto o simplemente es una estrategia de una mente tan desquiciada y sádica, que solo busca dañar a las personas con sus actitudes.

Estos son casos de todos los días, muchas de las mujeres no viven para contarla. Es así que la directora y psicóloga Nelly María Canción Suárez de la casa terapéutica Vida Mujer nos explica porque las mujeres asociamos el sufrimiento con el amor."Ellas no asumen que están sufriendo por amor, pero argumentan que el amar es entregar, aguantar, con tal de ser felices. Por eso sus parejas son hombres con estos patrones de conducta: agresivos, distantes, conformistas, adictos, violentos, delincuentes; y al darse cuenta de su pasado difícil justifican su comportamiento asumiendo que ellos no tienen la culpa de ser así, sino de la vida que les tocó vivir y los forzó a convertirse en esas personas. Es así que buscan cambiarlos asumiendo papeles de salvadoras, protectores e incluso de madres".


El síndrome de Peter Pan también es un patrón de conducta  que determina que son los hombres que no han crecido emocionalmente a pesar de su edad cronológica. La mujer que ama a estos hombres son dependientes emocionales, y siempre encuentran actitudes positivas en ellos, los sobre estiman
.
“Son hombres joviales, divertidos, caballeros, trabajadores, seductores, almas de las fiestas, pero que son inmaduros ya que no diferencian el haber crecido con ser adultos. Generalmente son narcisistas y no aman solamente buscan ser admirados, queridos, que giren las cosas en torno a él”, desarrollan agresividad verbal y física, humillaciones, amenazas y desvalorizaciones. La mujer dependiente siempre tiene la esperanza de que cambiaran; afirma la psicóloga.

Todos estos conceptos de amar dañino solo nos perjudican emocionalmente y nos puede llevar a  grandes depresiones o incluso a la muerte.

El amar debe ser saludable. Debemos de dejar una sociedad llena de violencia y valorarnos como seres humanos y sobre todo como mujer, como esa flor tan delicada que merece ser amada, respetada y aprender que somos capaces de ser felices sin aguantar tanto sufrimiento que solamente conlleva a un círculo del nunca salir y que somos expuestos como ejemplo para una nueva generación.


Es solamente decisión de cada una porque de amor ya no se muere.